Hablemos de sexo (pero solo un poquito)

En estos asuntos del apareamiento y el deleite nada mejor que comenzar por traer a los clásicos: El acto sexual es un saludo que intercambian dos almas. Esta fruslería la expresó, así sin anestesia, un tal Macedonio Fernández –escritor argentino-, no sabemos si ya repuesto del trauma adolescente de las burlas en clase.

Seguramente en el fondo tenga razón el bueno de Macedonio, aunque otras opiniones –para gustos los colores- se inclinarían más por la de nuestro amigo Woody Allen: ¿Es sucio el sexo? -Sólo cuando se hace bien…

Pero claro, la visión de estos asuntos varía tanto como sexos existen, o sea dos: Los hombres son como los trapos de cocina, si te descuidas se los lleva la vecina. Seguro que tú, amable lectora, suscribirías esta opinión sin pestañear, mientras que tu marido –ojo, que él no lo reconocería ni ante el pelotón de fusilamiento- firmaría algo tan poético como esto: Como mariposa vuelas, como yegua cabalgas y yo como abejorro quisiera picar tus nalgas… O, en un increíble acceso de sensibilidad, quizá reconociera que las mujeres son como los paracaídas, si no se abren no sirven para nada, a lo que su amigo, frente a un buen vaso de whisky, respondería: No, son como las embarcaciones, si no se les clava bien se te van.

Ay, amigos… qué bonito es el amor… ¡Y más el sexo!

Y qué bien lo comprendemos los humanos, qué visión tan similar tenemos de él los dos sexos…

Lo cierto es que esos científicos modernos han desposeído a estos asuntos de todo su glamour. Que si se trata tan solo de una reacción química en el cerebro, que si tras un periodo de euforia –entre medio y dos años- la pasión decae progresivamente, que si lo que llamábamos enamoramiento no es más que unas moléculas jugueteando entre nuestras neuronas… ¡caramba! Y nosotros que creíamos que el estómago realmente se nos llenaba de mariposas…Sí… quizá algo de razón tengan estos sabelotodos tan aficionados a desmitificarlo todo. Entonces… ¿No se puede hacer nada para mantener la llama encendida… digamos algunas décadas? ¿Estamos condenados a volver al vicio solitario tras unos meses de refocile? Pues… ¡depende! Veamos, amigo sufridor, esto va para ti, machote. Vamos a exponer un plan de éxito (casi) garantizado. Aunque puede ser duro… perdón, no quería mentar eso.

Yo sé que no te apetece. Que estás muy ocupado y que cuando acaba la semana de duro trabajo comienza el fútbol. Lo sé.

Pero has de convertir las relaciones sexuales en una prioridad. No quiere decir que vayas todo el día con un par de bubis en el cerebro, pero sí que has de pensar en el tema. Si lo haces las ganitas vendrán… sí… ¡vendrán! Y has de intentar volver a disfrutar, como antes, rebusca en vuestro pasado para encontrar aquello que os haga gozar a los dos. Y tú, princesa… ¿crees que te vas a salir de rositas? ¡Negativo! Habla con tu rey. Explorad juntos vuestros sentimientos, aquello que pueda alejaros y, sobre todo, lo que os puede volver a juntar –no solo metafóricamente-. Dile a tu marido –y tú a tu mujer- que quieres mejorar vuestra vida sexual. Y demuéstraselo con hechos. Hazle sentir sexy –tú a él atractivo y triunfador- y vuelve a ser un pelín –o mucho, ¡caramba!- provocativa. ¿Qué tal esa lencería que viste un día en una revista y que te sonrojó mientras que tu marido babeaba? Vuelve a flirtear, así… en plan zorrón… seguro que no se resiste a lanzarte una palmada que atruene hasta en casa de tus padres.

Y para los dos: Estimulad vuestro cerebro con cosas relacionadas con el sexo, el monotema, vaya.

Un libro –si es posible que no sean las famosas sombras, no por nada, es que ya ha ganado suficiente pasta la señora…- una peli algo subidita de tono, de esas que ponen perdido hasta al acomodador, artículos divulgativos tan interesantes como este. Y… ah, se me olvidaba: Hablad del tema entre vosotros: ¿Qué te gustaría cariño? No sé, amor. Sí lo sabes, ladrón. Bueno quizá… Venga, dímelo. Es que me da cosa. Pero si llevamos treinta años juntos, y te conozco muy bien. Bueno… si no te enfadas. Que no, tonto. Ahí va… …. …Glub, glub… ¡glub!

El mundo de las fantasías es muy amplio y no estamos seguros de que vayan a ser aceptadas –o rechazadas- hasta que no las expresamos. Y a veces hasta nos podemos llevar una agradable sorpresa… ¡Suerte!Un cantante famoso dijo algo así como que lo único que le ponía era el cambio. Pues demostrémosle que a nosotros los/las que nos ponen son nuestras/os cuchicuchis. Y poneos, caramba… ¡¡¡poneos… a ello!!!

Juan Carlos Padilla Estrada

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