El sueño y su relación con el estrés

El sueño y el estrés están íntimamente relacionados. El estrés está detrás de más del 60% de las consultas médicas a los especialistas del sueño. Hoy, 15 de marzo, es el Día Mundial del Sueño y queremos hablar de este problema que afecta a millones de personas.

El estrés es un proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante. Se trata de una reacción del organismo que provoca un estado de hiperalerta, lo que deriva en una activación de nuestro sistema simpático (que regula, entre otras acciones, la secreción de adrenalina). Como consecuencia, puede provocar dificultad para conciliar el sueño o para volver a dormirnos cuando despertamos a mitad de la noche. Del mismo modo, el estrés puede provocar la presencia de frecuentes alertamientos nocturnos breves, que interrumpen nuestro descanso. Todo ello repercute en el estrés diurno y sus consecuencias, pudiendo convertirse en un círculo vicioso. 

Factores del insomnio

Dentro de las causas del insomnio se distinguen los factores predisponentes (relacionados con ser más vulnerables a desarrollarlo), los precipitantes (que lo desencadenan en un momento dado) y los factores perpetuantes (lo mantienen durante el tiempo, convirtiéndolo en un trastorno crónico). Dentro de los precipitantes, la causa más frecuente de inicio del insomnio es la vivencia de una situación estresante tal y como lo demuestra el hecho de que tres cuartas partes de los pacientes con insomnio refieren haber experimentado una situación de estas características durante el primer año de comienzo del mismo.

Los problemas para iniciar o mantener el sueño son una consulta muy frecuente, tanto en la atención primaria como en las unidades de sueño.

En más del 60% de los casos tienen que ver con el estrés y, frecuentemente, lleva asociado una mala gestión del estrés diurno. La sobrecarga de responsabilidades y el exceso de actividad a lo largo del día, impide en ocasiones desconectar a la hora de dormir. Por ello, es importante desarrollar mecanismos de defensa ante el estrés, como, por ejemplo, una buena organización de las tareas a lo largo del día.

En ocasiones el factor estresante no desaparece, pero la persona desarrolla mecanismos de adaptación normalizando el sueño.

La psicóloga, Paula García Casanova y la neurofisióloga, Dra. Paula Giménez, de la Unidad de Sueño HLA Vistahermosa.

Paula García Casanova, psicóloga de la Unidad de Sueño HLA afirma respecto a la relación entre el estrés y los problemas de sueño que “se sabe que las experiencias estresantes son los factores precipitantes de insomnio más comunes.

Tanto es así, que alrededor de tres cuartas partes de las personas con insomnio dicen haber experimentado una, sobre todo durante el primer año de comienzo del trastorno”.

La principal intervención terapéutica de este trastorno está enfocada a ayudar a la persona a afrontar las situaciones psicológicas que provocan el estrés de una forma más adaptativa y resiliente. Para ello, es fundamental:

  1. Construir junto con el paciente nuevos recursos personales para hacer frente a situaciones que le supongan una amenaza.
  2. Ayudarle a gestionar las emociones negativas (miedo, ira, tristeza, frustración…) de una forma menos limitante y más satisfactoria. Ya que se ha comprobado que las personas que tienden a interiorizar sus emociones son más susceptibles de padecer estrés.

 

Trabajando estos dos puntos, se consigue una mayor sensación de control y seguridad en el paciente, así como una posición proactiva ante las diferentes situaciones del día a día.

La Dra. Paula Giménez, directora de la Unidad de Sueño del Grupo HLA, afirma que, una vez abordado el aspecto psicológico, es importante crear las condiciones óptimas para el descanso, desconectando dos horas antes de irse a la cama, y evitando actividades que puedan afectar al sueño como el ejercicio físico, el uso de tablets o teléfonos, o anticipar el trabajo del día siguiente. Es preferible sustituir estas actividades por otras más relajantes, por ejemplo: una lectura monótona que facilite la llegada del sueño, un baño caliente o tomar una infusión de valeriana, melisa o pasiflora. En ocasiones, el factor estresante desaparece y, con él, el trastorno del sueño. En otras, el factor estresante persiste, pero la persona desarrolla mecanismos de adaptación y normaliza el sueño, desapareciendo las dificultades para dormir.

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