Mascotas, adopción y apoyo emocional
Por qué decidí convivir con perros adoptados
Como directora de masquesalud.es, llevo años interesándome por todo aquello que impacta de forma real en nuestra salud emocional. Y hay algo que, más allá de teorías o tendencias, he podido comprobar en primera persona: el vínculo con un animal de compañía cambia la vida.
En mi caso, Harry, Zeus y Draco no llegaron a casa por casualidad. Los tres son adoptados. Y los tres han supuesto, en momentos distintos, un apoyo emocional que difícilmente podría haber encontrado en otro lugar.
No sustituyen a nadie. No llenan vacíos mágicamente. Pero están.
Y eso, cuando se vive solo, cuando se atraviesa un duelo o cuando cambian las dinámicas familiares con la edad, marca la diferencia.
Mascotas, adopción y apoyo emocional: cómo los animales mejoran nuestra salud mental a cualquier edad
La soledad no deseada existe… y afecta especialmente con los años
Uno de los grandes retos de salud emocional en nuestra sociedad es la soledad no deseada. Especialmente en personas mayores.
Cambios como la jubilación, la pérdida de la pareja o el hecho de que los hijos ya no vivan en casa generan un silencio difícil de gestionar. La rutina desaparece. La casa cambia. El tiempo pesa de otra manera.
Y en ese contexto, convivir con un perro introduce algo esencial: ritmo, responsabilidad y presencia diaria.
Tener que salir a pasear, preparar su comida o simplemente saber que alguien te espera al volver convierte el día en algo estructurado. Ya no todo depende de ti. Hay otro ser vivo que necesita de tu cuidado.
Y eso devuelve propósito.
Adoptar también es cuidar de uno mismo
A menudo hablamos de adopción desde el punto de vista del animal. Darle un hogar. Ofrecerle una segunda oportunidad.
Pero hay otra parte de la historia.
Adoptar también puede ser una forma de cuidarnos emocionalmente.
En mi caso, ver cómo Draco se integraba poco a poco en la manada junto a Harry, o cómo Zeus ha sido durante años ese compañero silencioso que siempre está cerca, me ha hecho entender que el vínculo que se genera no es unilateral.
Ellos dependen de nosotros.
Pero nosotros también encontramos en ellos estabilidad.
Hay días en los que hablar en voz alta mientras paseas con tu perro es más terapéutico que cualquier otra cosa. No porque te entienda literalmente, sino porque puedes expresar lo que te preocupa sin sentirte juzgado.

Más movimiento, menos sedentarismo
Desde el punto de vista físico, convivir con un perro también tiene beneficios claros.
Los paseos diarios implican:
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Actividad cardiovascular moderada
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Exposición a la luz natural
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Menor sedentarismo
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Mejora del equilibrio y la movilidad
Y esto es especialmente importante a partir de los 60 años.
Un perro no entiende de “hoy no me apetece salir”. Necesita su paseo. Y gracias a eso, muchas personas mantienen un nivel de actividad que de otro modo sería difícil sostener.
Mascotas, edadismo y sentido de utilidad
Una de las consecuencias más silenciosas del edadismo es la pérdida de rol.
A cierta edad, parece que dejamos de ser necesarios. Que ya no hay nadie que dependa de nosotros. Que nuestra función ha terminado.
Sin embargo, quien adopta un animal sabe que eso no es cierto.
Cada día eres imprescindible para ese ser vivo. Cada paseo, cada comida, cada cuidado importa.
Y eso tiene un impacto directo en la autoestima y en la percepción de utilidad personal.
No hablamos de terapia asistida.
Hablamos de vida cotidiana con sentido.
El hogar vuelve a estar vivo
Un perro o un gato transforma el ambiente de una casa.
Hay movimiento. Hay rutinas. Hay alguien que te recibe al llegar.
En personas que viven solas, esta dinámica reduce la percepción de vacío. En mayores, protege frente al aislamiento. Y en familias, refuerza los vínculos emocionales.
Además, no solo recibimos afecto: lo damos. Y cuidar también es una forma de sanar.

Una decisión responsable
Eso sí, adoptar implica compromiso. No es una solución inmediata contra la soledad ni debe hacerse desde la impulsividad.
Pero cuando la decisión se toma desde la responsabilidad, los beneficios emocionales y físicos son reales.
En mi caso, convivir con Harry, Zeus y Draco me ha enseñado que el vínculo con un animal no elimina las dificultades de la vida… pero sí las hace más llevaderas.
Conclusión: presencia, vínculo y salud emocional
En una sociedad donde la soledad no deseada es cada vez más frecuente, especialmente en personas mayores, convivir con un animal adoptado puede convertirse en un factor protector para la salud mental.
No sustituyen vínculos humanos.
No resuelven todos los problemas.
Pero aportan presencia constante, rutina, afecto sin juicio y propósito diario.
Y eso, a cualquier edad, mejora nuestra salud.
Adopta responsablemente.
Ana Espadas
Mascotas, adopción y apoyo emocional: cómo los animales mejoran nuestra salud mental a cualquier edad